¡Así era mucho más cómodo! Mi vecino derribó la valla para usar mi jardín.

Mira, llevo viviendo en mi casa más de veinte años, y mi vecino no mucho menos. Él empezó a construir la suya justo cuando yo me puse con los detalles finales del interior.

Nos conocemos bastante bien, la verdad. Hemos hablado muchas veces y, incluso, nos hemos visitado de vez en cuando. Pero nunca hemos llegado a tener una amistad cercana, ¿sabes?

Ese año, durante el invierno, me fui a pasar un tiempo con mi hija porque, por temas de salud, no podía apañármelas sola en casa. Cuando llegó la primavera y empezó a hacer buen tiempo, tenía la intención de volver.

Al final regresé a finales de abril, cuando ya no quedaba ni rastro de nieve. Estaba algo preocupada, pero la casa estaba perfectamente. Así que me puse a trabajar en el jardín delantero y el huerto. Dejé todo bien bonito, como a mí me gusta.

Tengo dos invernaderos pequeños. En uno planté pepinos y pimientos, y en el otro tomates.

En los bancales tenía fresas, zanahorias, cebollas y un poco de eneldo. Junto a la valla que da al vecino, hay unas cuantas matas de grosellas y moras. Y claro, este trajín no pasó desapercibido. Otra vez tuve problemas de salud y mi hija me llevó de vuelta a Madrid; luego en verano me mandó a un balneario, a descansar, durante un mes.

Ya en septiembre me sentí mejor y volví otra vez a mi casa. Salí a mi parcela y me encontré con que la valla de madera que me separa del vecino estaba rota de tal manera que cualquiera podía pasar a mi huerto desde su lado.

Era evidente que mi vecino había estado usando mis invernaderos y mis bancales. Ni siquiera me había llamado para pedirme permiso, y tiene mi número.

Como te puedes imaginar, no me hizo ninguna gracia. Así que le pregunté por qué había roto la valla. Él, muy tranquilo, admitió que le era más cómodo pasar por ahí, que así tenía al lado mis invernaderos y bancales. Le dije que eso no me parecía bien, y que nadie debería entrar en mi huerta sin permiso.

Además, le pedí que arreglara la valla él mismo, que la dejara en perfecto estado. Y además, le solté que, ya que había recogido hortalizas, estaría bien que compartiera la cosecha conmigo. No era por las verduras en sí; quería darle una pequeña lección, una de esas que no se le olvida.

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Elena Gante
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¡Así era mucho más cómodo! Mi vecino derribó la valla para usar mi jardín.
Sofía sabeSofía sabe que el antiguo manuscrito ocultaba la clave para revivir la tradición perdida de la fiesta de San Juan.