Siempre he sentido que mis padres me trataron de forma injusta. Todo comenzó en mi infancia, cuando prácticamente crecí con mi abuela porque mis padres tenían que trabajar duro para sacarnos adelante.

Siempre he sentido que mis padres me trataron de forma un poco injusta. Mira, te cuento: cuando era pequeña, prácticamente crecí con mi abuela porque mis padres tenían que currar mucho para sacarnos adelante. Me acuerdo perfectamente de cómo me dejaban con mi abuela cada vez que se iban a trabajar. La verdad es que ella fue quien realmente me crió y, de corazón, se lo agradezco infinito.

Ahora que soy madre, tengo dos hijas, Lucía y Carmen. Mi marido y yo estamos echando horas dobles para ahorrar y poder comprarnos nuestro propio piso. Al principio era un caos llevarlo todo, pero mis padres se ofrecieron a echarnos una mano. Llevaban y recogían a las niñas de la guardería, las llevaban a actividades, a fiestas infantiles, y pasaban tiempo con ellas siempre que podían.

Vamos, que se encargaban de las niñas mientras nosotros trabajábamos como mulas. Sabían el momento en el que estábamos y estaban ahí, dispuestos a ayudar sin poner pegas. Pero un día mi madre vino y me soltó que iban a alquilar el piso y se iban a mudar al pueblo, bastante lejos de donde vivimos. Me sentó fatal. Le dije: Mamá, por favor, ¿no os podéis esperar unos meses antes de iros? Ya casi tenemos ahorrado para nuestro piso. Si os vais ahora, tengo que dejar el trabajo y no podremos mudarnos este año, le supliqué como pude.

Su respuesta me pilló totalmente por sorpresa. Me dijo: No estamos aquí por ti. Nos queremos ir y punto. Ahora tienes que buscarte la vida con tus hijas. Siempre estás esperando que los demás te saquen las castañas del fuego. Nosotros no tenemos obligación de seguir ayudando, así, tal cual. Me quedé de piedra, me sentó fatal y me sentí dolida, pero no lo demostré. Pensé que un par de meses más no les iban a cambiar la vida, así que ni intenté convencerles. Me di cuenta perfectamente de que si no querían pasar tiempo con mis hijas, no se les puede obligar. Así que mi marido y yo tiramos para adelante como sabemos hacer, echándole valor y buscando la manera de arreglárnoslas nosotros solos, como siempre.

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Elena Gante
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