Nunca busqué a mi “primer amor”, tengo 62 años… — pero cuando una de mis alumnas me entrevistó, descubrí que él me había estado buscando durante 40 años… Y eso solo era el principio… con el tiempo, descubrí su verdadero pasado, él se había quedado sin nada…

Mira, te cuento algo que me ha removido mucho últimamente. Tengo 62 años, llevo casi cuarenta enseñando literatura en un instituto de Madrid. Ya sabes, la vida tranquila que llevo, corrillos en el pasillo, Shakespeare a todas horas, el café templado que se me enfría antes de beberlo, y esos exámenes apilados que parece que se multiplican solos.

Cada diciembre les pongo a mis chicos un trabajo: tienen que entrevistar a una persona mayor sobre su recuerdo más especial de las fiestas. Nunca les gusta nada, siempre rezongan.

Este año, después de clase, se me acerca con un andar tímido Lucía, que es de las más calladas de la clase, y me dice:
Señorita Carmen, ¿podría hacerle yo a usted la entrevista?
Tenía la hoja todavía en la mano, como aferrándose a ella.

Yo me dije, anda mira qué gracia, y le contesté riendo:
Ay, hija, qué rollo te voy a soltar, mis recuerdos no tienen nada de especial. Mejor pregúntale a tu abuela, que seguro tiene historias mil.

Pero ella, cabezona, que cuando se le mete algo entre ceja y ceja no hay quien la pare:
No, profesora, quiero entrevistarla a usted.
Se le iluminaban los ojos.

Al final cedí, claro:
Bueno, pero mañana a la salida, y como preguntes por el roscón de reyes te lo critico de arriba a abajo.
Nos echamos a reír las dos.

Al día siguiente, estamos sentadas en clase ya vacía, ella con el cuaderno abierto y balanceándose en la silla.
La primera pregunta fue sencilla:
¿Cómo eran las fiestas cuando usted era pequeña?

Le hablé de un roscón que siempre salía seco, de cómo mi padre se empeñaba en poner villancicos a todo trapo, de la vez que el árbol se nos torció y parecía a punto de desmayarse del agotamiento de tantas Navidades.

Entonces me pregunta, medio bajando la voz:
¿Puedo preguntarle algo más personal?

Y claro, sale el tema:
¿Alguna vez se enamoró en Navidad?

Ahí, tía, me dio un vuelco el corazón.
Sí, de un tal Tomás, cuando ambos soñábamos con el futuro sin tener ni idea de la vida.

Pasaron unos días y Lucía vuelve emocionada con el móvil:
¡Señorita, creo que he encontrado a Tomás!

Yo flipando:
¿A quién dices que has encontrado?

Ella, que no podía contener la sonrisa, me enseña la pantalla:
Busco a la chica a la que amé hace cuarenta años.
Se me paró el tiempo.

Encima la foto era yo, recién cumplidos los 17, con mi abrigo azul y esa sonrisa chata de la que siempre renegaba.

¿Quiere que le contacte? me pregunta, muy sincera, como si fuera algo facilísimo.

De los nervios, no podía ni hablar.
Pero cuando Lucía se ofreció a mandarle mensaje, sentí algo intenso. Que él, después de tanto tiempo, no me hubiera olvidado, me descolocó totalmente.

Intercambiamos mensajes y quedamos para tomar un café en un sitio tranquilo del centro. Me elegí algo sencillo, que fuera yo misma a día de hoy, sin disfraz.

Cuando le vi bueno, había cambiado claro, pero los ojos seguían siendo los mismos: cálidos, honestos, con ese brillo de antes.
Carmen, me dice, y de pronto ya no sabía ni en qué año estaba, porque todo volvía de golpe.

La conversación nos llevó directos al pasado, con esa sensación de reconocerte en las cosas que no se han dicho en años. Nos contamos cómo seguimos adelante después de aquello, y cómo, en el fondo, nunca nos habíamos olvidado.

Siempre has sido especial para mí, susurra él.

Y ahí, de verdad, sentí esperanza, ganas de seguir viviendo nuevas historias, de no darlo todo por terminado. No tuvimos oportunidad entonces, pero ahora ahora sí que la vida nos da un folio en blanco.

Al final, después de historias y tropiezos, reencontrarme con Tomás me ha enseñado que nunca es tarde para ilusionarse otra vez. Eso es la vida, ¿no? Poder empezar de nuevo siempre que queramos.

Ahora miro hacia delante, con una sonrisa, y pienso: ¿qué más sorpresas me esperan por descubrir?

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Elena Gante
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Nunca busqué a mi “primer amor”, tengo 62 años… — pero cuando una de mis alumnas me entrevistó, descubrí que él me había estado buscando durante 40 años… Y eso solo era el principio… con el tiempo, descubrí su verdadero pasado, él se había quedado sin nada…
The Things the Kitchen Never Forgot