¡Mi madre es una mujer segura de sí misma y sabe amar! Pero este hombre quiso aprovecharse de ello; menos mal que llegamos nosotros.

Mi madre tiene ahora 73 años. Es una mujer bastante moderna para su edad, y también muy activa. Durante cuarenta años disfrutó de un matrimonio feliz con nuestro padre. No podríamos sentirnos más afortunados de haber crecido en una familia así.

Papá y mamá se quisieron con locura; así que, cuando mi madre tenía 63 años y mi padre falleció, a duras penas logró superar aquel golpe. La apoyamos todo lo que pudimos, incluso le propusimos que se mudara con alguno de nosotros, pero ella siempre se negó. Decía que tenía sus amistades allí y que deseaba seguir viviendo en el mismo piso acogedor donde había compartido la vida con papá.

Con el paso de los años, el dolor se fue suavizando y, poco a poco, ya podíamos hablar de mi padre sin que a mi madre se le llenaran los ojos de lágrimas. Nos sentábamos juntos a la mesa, recordando instantes felices y llenos de alegría. Y ella, incluso, parecía rejuvenecer un poco.

Un día, mi hermano, nuestras familias y yo, fuimos a visitar a mamá. Desde la puerta, nos avisó que tenía a un hombre en casa, un amigo suyo, y que debíamos tratarle con respeto. Por supuesto, nos sorprendió la noticia. Mi madre siempre decía que no iba a iniciar una relación con nadie más.

¿Para qué iba a cuidar de otro hombre a su edad? Prefería vivir sola, aseguraba que no necesitaba hombres en su vida. Sin embargo, ahí estaba aquel amigo sentado en la mesa. Todos comprendíamos de sobra lo que puede significar una amistad a estas alturas; evidentemente, aquello era algo más. En resumen, no sabíamos si decirle algo a mamá o no, pero la situación no nos agradaba demasiado. Por otro lado, ella era una mujer madura, con mucha experiencia; le corresponde a ella decidir cómo seguir y si quiere entablar una nueva relación. Por supuesto, siempre la apoyaríamos.

Nos sentamos a la mesa; el nombre del hombre era Eduardo. Rondaría los 60 años, tenía el pelo negro, muy bien cuidado, y vestía un traje caro. Al observarle, pensábamos que sería empresario, pero en realidad era simplemente un pensionista. Era muy hablador, contaba muchas bromas y anécdotas divertidas. Lo que más nos molestaba era que jamás hablaba de sí mismo y, en cuanto tocábamos el tema, lo cambiaba enseguida. En definitiva, no nos gustaba nada. A todo esto, en nuestra primera reunión, se acercó a mi hermano y le pidió dinero. Ahí lo entendimos todo. Estaba claro para nosotros, aunque no para mi madre.

Mi madre, con lágrimas en los ojos, suplicó a mi hermano que le prestase el dinero, y él accedió. Dos días más tarde, recibimos la llamada de la hija de ese Eduardo: nos advirtió que su padre era un estafador. Buscaba señoras solas como mi madre, las engatusaba y vivía a su costa. Y en cuanto se quedaban sin dinero, desaparecía. De ese modo ya había engañado a diez mujeres antes. Avisé a mi hermano enseguida, que le llamó, pero su teléfono estaba apagado. En la dirección que había dado vivía otra gente. Así, mi hermano perdió el dinero y mi madre acabó con el corazón roto.

Оцените статью
Elena Gante
Добавить комментарии

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

¡Mi madre es una mujer segura de sí misma y sabe amar! Pero este hombre quiso aprovecharse de ello; menos mal que llegamos nosotros.
The Little Unicorn Suitcase