Querido diario,
Hoy me he parado a reflexionar sobre la familia que hemos formado mi marido y yo. Es nuestro primer y único matrimonio, y llevamos ya veinticinco años juntos, compartiendo vida en Madrid. Nunca hemos discutido delante de nuestra hija, siempre hemos procurado mostrarnos cariño y respeto. Creo sinceramente que hemos tenido, y seguimos teniendo, un matrimonio feliz. Siempre quise enseñarle a mi hija, por el ejemplo, que una relación sana y duradera es posible, porque sé que los hijos suelen reflejar lo que ven en casa.
Sin embargo, aquí siento una gran preocupación. Mi hija, Laura, aún no se ha casado, pero lleva un tiempo saliendo con un chico. Hace dos años murió mi madre y le dejamos el piso que tenía en Salamanca a nuestra hija. Mi marido y yo creímos que era lo correcto, que así le ayudaríamos a empezar su propia vida. Ahora nos ha contado que vive allí con su novio.
No nos molesta que haya decidido compartir su vida con alguien, es normal a su edad. Pero este chico, sinceramente, no nos gusta nada. No ayuda nada en casa, ni en las tareas domésticas ni en lo que tradicionalmente consideramos “trabajos de hombre”. Si se avería un grifo o hay que cambiar una bombilla, Laura siempre recurre a su padre. Le he preguntado varias veces por qué no se encarga su pareja; ella, simplemente, guarda silencio o me asegura que pronto empezará a colaborar.
Recientemente he descubierto, además, que él está en paro. Eso quiere decir que no aporta ningún euro a casa, y todo el peso recae sobre los hombros de mi hija, que incluso ha buscado un segundo empleo para poder mantenerlo todo. Me pregunto si de verdad ese chico la quiere o simplemente se aprovecha de su bondad.
No puedo evitar decírselo, aunque sé que quizá insistir no sirva de mucho. Se lo he dicho: creo que está eligiendo mal. Pero a ella no le preocupa, está convencida de que él va a cambiar, que todo irá bien porque se quieren. Y, claro, yo la quiero tanto, y me duele tanto verla así Siento una angustia que no sé cómo apartar. Solo deseo que Laura vea lo que nosotros vemos y encuentre la felicidad y el respeto que se merece.







