He venido de visita, te echaba de menos, pero los niños son como unos desconocidos.

Los padres siempre tienen la cabeza ocupada con sus hijos. A veces, incluso se encuentran algo decepcionados con ellos ya bien creciditos. ¿Quiénes son las hijas adultas de nuestra historia de hoy?

La historia de la madre.

Carmen crió a tres hijos. Todos han crecido y ahora corren sus propias aventuras. El mayor se ha montado la vida en el extranjero, con familia y trabajo fijo. Por Navidad y fiestas manda postales y alguna foto para el álbum. Carmen guarda cada carta como si fuera oro en paño y las relee cada vez que le entra la melancolía.

Hijo, cuánto te echamos de menos. ¿No podrías venir a vernos alguna vez? Al menos así conoceríamos a tus niños y a tu mujer, le escribe, con algo de resignación.

La mediana, Clara, está casada con un militar. Se mudan más que los muebles de Ikea; ya ni sabe en qué ciudad viven. Tienen una hija y, de vez en cuando, se dejan caer por casa. El marido de Carmen siente cierta admiración por su yerno: al menos su hija se buscó un buen partido, aunque el cuartel sea su segundo hogar.

La benjamina, Lucía, no ha tenido mucha suerte con los amores. Estuvo casada y tiene un hijo, pero el marido salió por patas. Siguiendo el consejo de su madre, se mudó a Madrid para probar fortuna. Allí encontró trabajo de costurera en una fábrica y se llevó al niño con ella.

Un día, a Carmen le entra el gusanillo y decide visitar a Lucía.

¿Vas a poder arreglártelas sin mí una semana? le pregunta a su marido, Ramón. Quiero ver a Lucía y saber cómo le va la vida.

Ramón la acompaña a la estación. No es poca cosa viajar cargada de bolsas, pero todo sea por el bienestar de su hija. Después de un viaje eterno en un vagón de segunda, Carmen finalmente llega deseando abrazar a Lucía, que hacía tres años que no veía.

Mamá, ¿por qué no avisaste que venías? Estoy en el trabajo, solo podré recogerte por la tarde.

Pensaba darte una sorpresa, responde Carmen, un poco incómoda. ¿Seguro que puedes venir por mí? Sí, tranquila. Pero al final, la madre decide ir por su cuenta.

En la puerta del piso la recibe su nieto. Alto, plantado, con un aire al abuelo de joven.

¡Hola, campeón! dice la abuela abrazándole. ¡Vale ya, abuela! intenta zafarse el niño. ¿Por qué has tardado tanto? pregunta la madre cansada. He tenido que limpiar y preparar la mesa para ti. Salí antes del trabajo y me puse a preparar cocido y croquetas.

Entonces suena el móvil de Carmen y le cuenta a Ramón, que está bastante aburrido, que ha llegado bien, que le han ayudado y que están cenando lo que ha cocinado Lucía.

Sentadas a la mesa, sirviendo el cocido, Lucía pregunta: ¿Te apetece una croqueta o dos? Carmen está tan hambrienta y cansada que se comería cinco, pero por educación responde: Ponlas en la mesa y ya veremos.

Finalmente llegan a la mesa cinco croquetas. Ahí queda la fiesta madre-hija, piensa Carmen. Ella calcula mentalmente sus euros, sospecha que andan justas de dinero y decide que la próxima vez vendrá con algún regalo.

Durante la cena, la hija pregunta sin anestesia cuándo piensa volverse su madre. A Carmen le sienta como un jarro de agua fría: Bueno, si molesto, me vuelvo mañana.

Y así, Carmen pasa el día sola en casa, y por la noche cada cual hace su vida en su habitación. El nieto sale a ver a un amigo, Lucía queda con sus amigas y la abuela se queda viendo la tele sola.

Carmen empieza a aburrirse, a notar que sobra allí. Mientras prepara la maleta para irse oye al nieto preguntar: ¿Cuándo viene el tío? Habíamos quedado pal fútbol.

Cuando se vaya la abuela, contesta Lucía.

Con el corazón encogido, Carmen recoge sus cosas y se marcha sin despedirse. Ramón, que la ha echado de menos estos días, sale a recibirla feliz. Y así, la pobre Carmen se da cuenta de que, a pesar de haber dado tanto a sus hijos, ahora parece que no la necesitan para nada.

Оцените статью
Elena Gante
Добавить комментарии

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

He venido de visita, te echaba de menos, pero los niños son como unos desconocidos.
Das Mädchen, das der Wind zurückbrachte