Fui a casa de mi nuera, cociné, limpié toda la casa, pero ella no estaba satisfecha.

Mi hijo y su joven esposa viven en un piso de alquiler no muy lejos de mi casa. Le pedí a mi hijo una copia de las llaves de su apartamento, por si acaso. Me gustaría tenerla a mano por si alguna vez hiciera falta. Ahora estoy jubilado y los chicos trabajan, así que suelo ir allí cuando ellos salen a trabajar.

Les preparo cocido madrileño, lentejas, albóndigas… Mi hijo disfruta mucho estos platos tan caseros, sencillos y llenos de sabor. Cuando termino de cocinar, aprovecho para limpiar un poco. Mi nuera, Alba, nunca ha sido muy cuidadosa con la limpieza. Sus cosas deambulan por la sala, los platos sucios se acumulan en el fregadero. Pienso que podría enseñarle a Alba cómo llevar la casa con orden.

Cuando llegan a casa, todo está en orden, la comida recién hecha en la mesa, mi hijo se siente feliz y come con gusto. Vivir así, con todo preparado, sería una bendición. Pero no, mi nuera rara vez está conforme. Apenas prueba lo que cocino, dice que es muy pesado y poco saludable. Ella prefiere comer crema de verduras y ensaladas de rúcula y espinaca.

Y siempre parece tener prisa por que me vaya a casa lo antes posible.

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Elena Gante
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Fui a casa de mi nuera, cociné, limpié toda la casa, pero ella no estaba satisfecha.
Mi marido empezó a ir a misa todos los días. Pensé que se había convertido. Resultó que no era la fe lo que le atraía a la iglesia.