Esta mañana, una joven de 18 años dio a luz a una niña. Después, redactó una declaración, pidió un taxi y salió del hospital materno sin mirar atrás. Pero jamás pudo imaginar lo que sucedería después…

Mira, te cuento algo que me ha dejado pensando todo el día. Esta mañana, una chica de solo 18 años dio a luz a una niña en el Hospital Universitario de Salamanca. Nada más nacer la pequeña, la joven escribió una declaración y, sin mirar atrás, llamó a un taxi y abandonó el hospital como si quemara, dejando a la niña atrás. Ni te imaginas la sorpresa que le esperaba después a esa criatura

Por la tarde, cuando llegamos mi marido Javier y yo a la clínica, estábamos entre nerviosos y contentos porque por fin íbamos a conocer a nuestro cuarto hijo. Ya sabes que nuestra familia es de las que siempre hay ruido y alegría en casa, porque somos un buen puñado. Lo gracioso es que nuestra segunda y tercera hijas son gemelasfue una sorpresa mayúscula, ¡porque jamás hubo gemelos en ninguna de las dos familias! Desde entonces siempre decimos de broma durante los embarazos: ¿Y si ahora vienen otra vez gemelos?

Nuestros padres quedaron en shock cuando se lo contamos y la verdad es que se volcaron en ayudarnos esos primeros días, que nunca se olvidan. Pero ya en la segunda ecografía nos confirmaron que esta vez no venían gemelos, así que nos quedamos tranquilos.

Al final nació nuestro cuarto pequeñouno solo, menos mal para mis nervios. Todo resultó bien y nos asignaron una habitación individual, que Javier ya había pagado antes, así que súper cómodos.

A las pocas horas de estar en la habitación me trajeron a mi hija para darle de mamar, y de repente entra el jefe de planta, don Ernesto, con una cara de preocupación que me recorrió un escalofrío, y suelta: Tenemos un pequeño problema

Resulta que aquella misma mañana, la chica joven que te mencioné al principio parió una niña, firmó los papeles de renuncia y desapareció del hospital en taxi. La pobre apenas podía andar después del parto, pero estaba decidida a no quedarse ni un minuto más, casi como huyendo.

La niña nació perfecta, sanísima y preciosa. Y claro, ya que yo siempre tuve ese sueño de tener gemelos pensé: ¿Y si me quedo con este angelito? El jefe de planta medio en broma me dijo: Se puede poner en el registro que la has dado a luz tú Pero claro, ni loca metería a la niña en un lío así. ¡No podía imaginarme dejar una chiquitina tan bonita en un centro de acogida! Me rompe el corazón solo pensarlo Pero sabes que eso es completamente ilegal.

El tema es que aunque iniciáramos la adopción, todo el papeleo aquí tarda meses y a veces ni te garantizan que acabes quedándotela. Mientras tanto, se la llevan a un centro de menores.

Es tan triste La verdad, me costaba creer que nos encontráramos en una situación así. Conozco bien a la jefa de enfermeras, Ana Belén, es una mujer de esas que te dan calma y sabes que tiene un corazón enorme. Incluso quedábamos alguna vez fuera del hospital. Puede que por esa confianza se atreviera a contarme todo y preguntarme si en casa podríamos acogerla.

Imagínate: una madre jovencísima que, en cuanto pudo, se marchó dejando a su hija; una bebé perfectamente sana que necesita amor y familia; la adopción que es un proceso largo y complicado Y ahí estaba Ana Belén, intentando buscar lo mejor dentro de una situación de lo más dura, solo por pura empatía.

Y es que estas historias te dejan claro lo frágiles que son nuestros destinos, sobre todo cuando empieza una vida. Porque el nacimiento de un hijo siempre trae nervios y esperanza, pero nunca sabemos por qué vericuetos nos va a llevar la vida o cuándo nuestra ayuda puede ser decisiva para alguien. Esta historia me ha hecho pensar mucho en lo importante que es tener humanidad, empatía y estar cerca de los demás, incluso cuando hay que enfrentar decisiones tan difíciles.

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Elena Gante
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