Esta mañana, una joven de 18 años dio a luz a una niña. Después, presentó una declaración, pidió un taxi y salió del hospital maternal sin mirar atrás. Pero ni siquiera podía imaginar la “sorpresa” que aguardaba a la pequeña allí dentro…

Esta mañana, una chica de 18 años dio a luz a una niña. Después de todo el ajetreo, redactó un papel, llamó a un taxi y salió del hospital, sin mirar ni una sola vez hacia atrás. Lo que no imaginaba era la pequeña sorpresa que le esperaba a la recién nacida allí dentro.

Cuando mi marido y yo llegamos al hospital esa tarde, con los nervios propios de las contracciones, rebosábamos ilusión por la llegada de nuestro cuarto hijo. Nuestra familia ya era todo un clan: bulliciosa, numerosa, de esas que jamás pasan desapercibidas en ningún bautizo.

Cabe decir que nuestros segundos y terceros hijos son mellizos, algo que nos dejó con la boca abierta, porque hasta entonces en la familia tal cosa era tan común como ver una jirafa en Salamanca. Desde aquella hazaña, cada vez que nos embarazábamos teníamos un running gag: ¿Y si vienen otros mellizos?.

Los abuelos, cómo no, no salían de su asombro y se volcaron a ayudarnos en esos primeros días, llenos de pañales y noches en vela. Ya en la segunda ecografía nos avisaron para tranquilidad general: Tranquilos, solo viene uno esta vez. El médico tenía esa vocecilla socarrona que solo usan en los hospitales públicos.

Y así llegó, nuestro cuarto ninja: una criatura. Los nervios se esfumaron como la leche caliente en los biberones. Nos acomodamos en una habitación privada que mi marido ya había pagado con esmero y euros contados.

Unas horas después, me trajeron al bebé para darle de comer. De repente entró el jefe de planta, con una cara digna de protagonista de una telenovela y nos soltó: Tenemos un pequeño… problema.

Esa misma mañana, una chica de 18 primaveras había dado a luz a una niña, presentado su renuncia a la maternidad y se había marchado en taxi, tan fresca. Vamos, que ni el camino de Santiago hizo con tanta prisa. Después del parto estaba que no sentía ni los pies, pero aun así no quería quedarse ni un minuto más. No nos quedó más remedio que dejarla ir.

La niña era preciosa, sanísima. Y yo ahí, pensando: Tanto soñar con mellizos ¿Y si me llevo a esta pequeña?.

Podemos decir que la has parido tú… me propusieron medio en broma medio en serio. Pero yo no quería ni oír hablar de orfanatos ¿Qué vida es esa para una recién nacida? Se me hacía un nudo en el estómago solo de imaginarlo. Por supuesto, la legalidad no era esa.

Claro que el papeleo para adoptar podría iniciarse, pero lo de aquí en España es un via crucis: meses, papeleos y con la total incertidumbre del a ver si hay suerte. Y mientras tanto, la pobre niña a una institución.

La situación era tan triste que me dieron ganas de hacerme monja, pero no estaba preparada para tanto sacrificio. Era de esas cosas que te afectan de verdad. Conocía bien a la jefa de enfermeras, doña Remedios Guzmán una señora amable, de esas que te traen caldo antes de que tengas frío. Incluso habíamos coincidido alguna vez fuera del hospital.

Quizá por eso se atrevió a plantearme semejante embolado, con toda la humanidad del mundo.

En resumen:
La joven madre decidió irse por su cuenta nada más nacer la niña;
La pequeña nació fantástica y necesitaba cuidados;
La adopción oficial es un camino más largo que la ruta de la Plata;
Y la jefa de enfermeras supo ser humana y comprensiva, pensando con el corazón.

Al final, historias como esta nos recuerdan lo frágiles y sorprendentes que pueden ser los caminos de la vida, sobre todo cuando se trata de un nacimiento. Hay veces que las circunstancias nos piden ser más humanos y apoyarnos entre todos, aunque el guion familiar venga con sorpresas. Y si algo nos enseña esta historia tan emotiva, es que un gesto de humanidad puede iluminar hasta la sala de espera más gris.

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Elena Gante
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Esta mañana, una joven de 18 años dio a luz a una niña. Después, presentó una declaración, pidió un taxi y salió del hospital maternal sin mirar atrás. Pero ni siquiera podía imaginar la “sorpresa” que aguardaba a la pequeña allí dentro…
Toen Mijn Schoonmoeder Dacht Dat Ik Sliep..