CÓMO VADIM PRESENTÓ A SU NOVIA A SU MADRE…

Mamá, ella es mi novia, Inés trató de decirlo Lucas de pasada, como quien no quiere la cosa, pero el temblor en su voz era tan evidente que incluso los cuadros de la salita parecían vibrar en sus marcos. Y nosotros bueno querríamos eso ya sabes lo de

Bah Lo que tú quieres, hijo, eso me lo sé de memoria la madre, doña Pilar, miraba a la chica elegida como quien examina un cuadro del Prado. Pero, ¿quieres lo mismo tú, muchacha? Inés, ¿tú conoces bien a mi Lucas?

Pues claro, doña Pilar, lo conozco como a mi mano derecha respondió Inés, sin pizca de vergüenza, con una sonrisa que parecía romper relojes.

¿Cómo has dicho? Pilar, desorientada, se puso de usted y casi se dirigió al perro imaginario de la casa. ¿Eso lo dices en serio? ¿Así hablan las chicas en Toledo?

Pues sí replicó Inés encogiéndose de hombros , es una expresión catalana, digo, española Conocer como la palma de mi mano. Pero, ¿qué más da Lucas ahora? Lo importante es que nos conozcamos usted y yo, doña Pilar. Porque igual no somos compatibles.

¿Cómo dices? se le resbaló el rosario de las manos a Pilar.

Nada, sólo que al final, nos tocará a usted y a mí esperar despiertas a Lucas, las dos juntas, mientras él recorre Madrid de copas, y soportar sus ronquidos de madrugada cuando vuelva oliendo a anís.

¿Y yo qué tengo que ver con eso? protestó Pilar, intentando atrapar las riendas de aquella conversación absurda. ¡Dormiréis en habitaciones separadas! O, eso espero

Pero usted estará ahí, detrás de la puerta, sufriendo como todas las madres españolas.

Un momento Lucas miraba la escena como quien ve una sardina volar . ¿Qué habéis montado aquí a costa mía?

¡Calla! gritaron al unísono las dos mujeres, y hasta los retratos de los abuelos se sobresaltaron en la penumbra.

Mire usted, doña Pilar, ¿es cierto eso que dicen las malas lenguas? ¿Que a veces suelta usted un bofetón en casa? Lucas no suelta prenda

¡Virgen santa! ¿Cómo voy a pegar yo a nadie? Pilar abrió mucho los ojos, parecía que le hubiera entrado una mosca de Segovia.

Créame, hay mujeres en la Mancha que pueden tumbar de un grito a un marido rió Inés, como si le contaran historias de gigantes en los molinos.

Santo cielo. Qué palabras cuántas pasiones Pilar se tapó los ojos y suspiró, invocando a San Isidro.

Vamos, doña Pilar, déjese de cuentos Admítalo, ¿nunca ha tenido ganas de lanzarle un zapato a su esposo? ¿Ni siquiera a Lucas cuando era crío?

Bueno Pilar estuvo a punto de confesar, pero se contuvo . Jamás, ¡por Dios!

Le admiro por querer parecer tan fina sonrió Inés torciendo la boca , pero no me lo creo. ¿Dice que nunca usó la zapatilla o la correa con el niño?

No, eso sí que no esta vez la verdad cayó como una piedra en la taza de café.

Ay Lucas intentó intervenir, pero otra vez escuchó esa palabra soñolienta, ¡calla!

Mal hecho, doña Pilar Inés dio a Lucas una palmadita simbólica en el trasero, que parecía más broma onírica que pecado de realidad . Un culo que se busca problemas pide un castigo. En fin, Lucas es buena gente. Y aún está a tiempo de ir por buen camino. Por cierto, ¿le apetece tomar un café, doña Pilar? Con el café la gente se suelta más y, mire, he traído un brazo de gitano.

Ya entrada la noche, cuando volvió el marido extenuado tras hacer recuento en el ayuntamiento, Pilar anunció ante el hijo:

¡Antonio, nuestro Lucas por fin va a casarse!

¿Cómo? ¡Vaya milagro, Pilar! exclamó el padre, alzando las cejas, y el silencio que siguió supo a bandera roja de plaza mayor.

Tranquilos, que estoy pensándolo aún corrigió Lucas, revolviendo el aire con la voz.

No, hijo, dijo la madre con tono de Monasterio de Silos, . Esta vez vas a casarte. Y si te arrepientes, Inés se viene de hija conmigo.

Pero mamá si ella tiene padres bromeó Lucas, aguantando la risa.

Entonces te devuelvo al hospital, digo que aquí me dieron gato por liebre y que me cambien el hijo por otro. Que tu padre y yo juramos por Santiago.

Si hace falta, lo juro por la Virgen de la Almudena sentenció Antonio, y le enseñó el puño jurando solemnemente bajo el cuadro de Velázquez, mientras el perro invisible de la familia aullaba suavemente bajo la mesa.

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Elena Gante
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CÓMO VADIM PRESENTÓ A SU NOVIA A SU MADRE…
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