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—He preparado la bolsa. Me voy a vivir con mi madre. Estoy harto de este campamento —dijo Javier sin
—Ya he llamado a todo el mundo —anunció Pilar Martínez con el tono de quien acaba de hacerle a Marta
— Los muderos llegarán en media hora —dijo mi marido Víctor, escondiendo la mirada y retorciendo nerviosamente
—Vamos, Rojito —murmuró Valerio mientras ajustaba la correa improvisada hecha de una cuerda vieja.
– Pilar, ¿está la comida? – la voz de Javier llegó desde el dormitorio. Era la una del mediodía.
Andrés Pavón estaba sentado junto a la ventana, mirando el anuncio en el móvil. Las letras se le difuminaban
A veces la vida te planta delante historias que luego piensas: no puede ser que todo haya sido así.
Aquella historia ocurrió hace años, pero aún la recuerdo con claridad. La agente inmobiliaria Pilar López
Víctor lo encontró al borde de la carretera en octubre. El cachorro estaba sentado en el arcén, empapado
**12 de marzo** Hoy ha sido un día que no olvidaré. Todo empezó con el perro de doña Clara, ese pastor









