Nuestros familiares quieren visitarnos porque vivimos junto al mar

Mira, te cuento una historia de unos amigos míos, Jorge y Carmen, que viven cerca del mar, en Valencia. El verano pasado, la pareja fue a un bautizo donde Jorge iba a ser el padrino. Ya sabes cómo son estas cosas por aquí, después de la ceremonia en la iglesia hubo una buena fiesta. Allí coincidieron con los abuelos del ahijado. Durante toda la noche, los abuelos no paraban de presumir por lo orgullosos que estaban de que su nieto tuviera un padrino como Jorge. Les encantaba la idea de tener relación con una persona tan buena, en sus ojos Jorge era lo máximo.

Pero lo que más les emocionó fue descubrir que Carmen y Jorge vivían frente al Mediterráneo.

¡Qué padrino tan estupendo! no se cansaba de repetir la abuela, más feliz que unas castañuelas. Y encima vive al lado del mar, ¡qué maravilla! Ahora sí que tenemos alguien a quien visitar en la playa ¡Ya no hace falta alquilar! Al final la familia es lo mejor, Jorge, qué suerte tenemos de estar emparentados contigo.

Bueno, pues quién iba a imaginar que la abuela del ahijado iba a tomarse tan en serio eso de visitar. Unas semanas después, apareció en Valencia con toda la ilusión del mundo. Eso sí, el padre del ahijado, Juan, sí que fue educado y antes llamó a Jorge para preguntar si sus padres podían quedarse unos días, tres o cuatro. Jorge y Carmen, después de pensarlo bien y comentarlo entre ellos, decidieron que sí, que no quedaba bonito negarse, aunque estuvieran en temporada alta, los dos trabajando todo el día y el piso fuera más bien pequeño. Carmen tuvo incluso que pedir unos días de vacaciones para poder atenderlos bien.

Los abuelos llegaron, pasaron unos días en la playa y, después de dar las gracias con mucha efusividad, se marcharon.

Y mira, siendo sinceros, como el piso es chiquitín, Carmen ya dijo claramente que la próxima vez se acaba: si quieren volver a pasar unas vacaciones felices tendrán que buscarse otro plan. Si vienen los amigos y el ahijado, no hay problema; pero los padres son demasiado, sobre todo en pleno agosto, cuando hay que ahorrar algo de dinero para aguantar el invierno.

Cuando me contaron todo este lío, lo que más me sorprendió fue la cara dura de los padres de los amigos, ya con sus más de sesenta años, que ya tenían hijos y nietos criados. ¿Qué fue aquello? ¿Se aprovecharon de su familia para tener hotel gratis en la playa?

Desde luego que sí, y encima prometieron que volverán…

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Elena Gante
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Nuestros familiares quieren visitarnos porque vivimos junto al mar
El Guardián del Bosque Protegido