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Querido diario: Dos semanas antes de que yo, Diego Salgado, me fuera a Bilbao, Almudena Ortega y yo nos peleamos.
—¿Cómo que no somos los herederos? ¡Si no hay otra familia! —exclamó Rocío, agitando las manos en el
Tenía dieciséis años cuando me vistieron de blanco y me dijeron que era una niña afortunada.
Detrás de la verja alta y verde del refugio municipal siempre había bullicio. Los perros ladraban alegres
Carmen pasó el dedo por la pantalla del móvil para mirar el saldo de la cuenta. La cifra que apareció
Aún recuerdo la mañana siguiente a la boda. Olía a flores recién cortadas, a perfume caro y a café que
— He decidido que el sábado me voy a casa de mi madre. Para unos tres meses, seguramente. Las palabras
Recuerdo muy bien la tienda de nuestro pueblo, un ultramarinos al que todos llamábamos el establecimiento.
— Sonsoles, hazme un café fuerte, pero fuerte de verdad, que me espabile. La voz de Javier llegó del
A Esteban Lozano lo encontraron muerto por la mañana, y el perro llevaba aullando desde la tarde anterior.









