Author: Lisa Weta
El otoño en aquella ciudad nunca tuvo nada que ver con la tristeza hermosa. No cubría los techos con
Tomasa llevaba varios días sintiéndose mal. Le dolían los huesos como si unas manos enormes y despiadadas
Lucía entró en el portal después de una jornada agotadora, pensando en una sola cosa: quitarse los zapatos
La mañana de invierno había amanecido insólitamente limpia. El aire frío mordía apenas las mejillas
A finales de abril, en la urbanización cerrada “La Arboleda”, el aire siempre olía igual. A tierra mojada
—Papá, ¿podrías quedarte un par de semanas con la perrita? —preguntó su hija al otro lado del teléfono—.
Valeria salió del edificio como un torbellino y fue a dar directo a los brazos de Alejandro.
Aquella noche, el termómetro cayó por debajo de los veinticinco grados bajo cero y convirtió las calles
La madre murió a finales de noviembre, cuando la tierra ya estaba dura por las primeras heladas.
El sol de primavera se empeñaba en atravesar las cortinas de tul, dibujando sobre el viejo parquet de