La suegra de nuestro hijo se lo llevó lejos de nuestra familia.

Pues mira, te cuento lo que nos ha pasado con nuestro hijo desde que se casó, porque es que parece de chiste. Desde que se casó con Marta, ya no quiere venir a casa, y ahora pasa todo el tiempo en casa de su suegra, Mercedes. Mercedes siempre necesita ayuda urgente para cualquier cosa, menos mal que tiene a mi hijo cerca, porque no sé cómo vivía antes de que Marta se casara con él.

Nuestro hijo lleva ya más de dos años casado. Cuando se casaron, se fueron a vivir a un piso que compramos nosotros cuando él empezó la universidad, en Madrid, para que pudiera estar cerca de su trabajo y tener independencia. Desde pequeño, siempre le hemos dado apoyo y comprensión, y cuando empezó la universidad le animamos a que viviera solo en el piso.

No te voy a decir que no me cae bien Marta, pero en su momento pensé que era muy joven y poco madura para la vida de pareja, aunque mi hijo sólo le llevaba dos años. Marta a veces se comportaba de manera muy infantil, con caprichos y rabietas, y yo pensaba que mi hijo, tan noble, iba a tener que hacer de padre en vez de marido.

Y claro, cuando conocí a Marta y a Mercedes, entendí de dónde venía esa forma de ser. Aunque Mercedes tiene mi edad, se comporta como una niña. Seguro que tú también conoces a esa gente que, aunque sean mayores, parecen críos: dependientes y con cero habilidades para la vida práctica. Cuando su hija se casó con mi hijo, Mercedes ya había pasado por seis divorcios.

Yo con Mercedes nunca he tenido muchos temas de conversación, porque va a su bola, pero al menos tampoco se mete mucho en nuestra vida. Nuestra relación es que, como mucho, nos damos el “buenas” y felicitaciones en la boda y poco más.

Antes de la boda ya empezaron los problemas: Marta arrastraba siempre a mi hijo a casa de su madre para arreglar cosas, como un grifo que goteaba, una toma de corriente que necesitaba cambiar, o una estantería que se había caído en la cocina. Al principio lo pasé por alto, pensando que, bueno, si no hay hombre en la casa, la ayuda será bienvenida.

Pero con el tiempo aquello no paró. Los problemas en casa de Mercedes eran siempre urgentes, y mi hijo empezó a pasar de nosotros, justificándose diciendo que tenía que ir con Marta a ayudar a su madre. Luego, empezaron a celebrar todas las fiestas en casa de Mercedes: nosotros nos quedamos solos, con mi marido y mi suegra, y en cada ocasión sentíamos ese vacío.

A mí me hizo daño que nuestro hijo dejara de venir a las celebraciones familiares, pero lo peor fue cuando ya ni respondía a nuestras peticiones de ayuda.

Me acuerdo que cuando compramos un frigorífico nuevo le pedí que viniera a ayudarnos a traerlo, y él al principio dijo que sí, pero luego llamó para decir que no podía venir porque tenía que ayudar a su suegra con una lavadora que perdía agua.

Cuando mi marido le llamó, escuchamos de fondo a Marta diciendo: “¿Tus padres no pueden contratar a una empresa de mudanzas?”, y cuando por fin vino, vino de mala gana y rezongando.

Papá, ¿no podías llamar a una empresa? Ahora tengo que cargarlo yo.

Ahí me quedé pensando cómo la suegra no había llamado ella misma a un profesional, que seguro que en Madrid hay miles. Mi hijo nos dijo que Mercedes necesitaba ayuda porque ahora los técnicos no hacen bien su trabajo y cobran más de lo que arreglan.

Y entonces mi marido, que ya no pudo más, soltó que quizás Mercedes no tenga mucha idea de electrodomésticos, pero se le da fenomenal ser pastora, porque sabe dirigir a una oveja como nadie. No veas, mi hijo se enfadó muchísimo y se fue dando un portazo. Yo no intervine, porque para mí mi marido decía la verdad: los nuevos parientes siempre están encima de mi hijo, él hace de fontanero, electricista, y técnico para Mercedes, y para nosotros ni tiene tiempo.

Después de esa bronca, mi hijo lleva más de dos semanas sin hablar con su padre. Y mi marido, orgulloso, tampoco quiere ser el primero en arreglarlo. Yo me siento fatal, atrapada en medio: sé que mi marido tiene razón, pero podría habérselo dicho de forma más suave. Ahora mi hijo está resentido, no quiere ver a su padre, y yo no quiero perderlo por una tontería así.

Mi marido se niega a contactar con nuestro hijo, y él tampoco da su brazo a torcer, diciendo que hasta que su padre no le pida disculpas, no va a hablar con él. Y mientras tanto, la única que está encantada es Mercedes, ¡vaya que sí!

Оцените статью
Elena Gante
Добавить комментарии

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

La suegra de nuestro hijo se lo llevó lejos de nuestra familia.
Een perfecte bruiloft… tot één foto alles verwoestte