María tenía ya 60 años. Había llegado el momento de jubilarse, pero no tenía prisa. Aquella tarde terminó su turno, se cambió de ropa y salió rumbo a casa. Caía un aguacero impresionante y ni siquiera llevaba paraguas. Se colocó la capucha y caminó hasta la parada del autobús. De repente, escuchó el llanto de un bebé; un recién nacido, de apenas unos días, yacía en un banco.
Tomó al pequeño en brazos y comenzó a calmarlo con ternura. Después, se apresuró de vuelta al hospital, preocupada porque el crío estaba empapado. Llamó de inmediato al pediatra para que lo reconociera. Es un niño, y tiene más o menos dos semanas. Está perfectamente sano. Es difícil entender por qué alguien lo abandonaría. Un bebé así necesita cariño y cuidados comentó el médico.
Aquella noche, María decidió quedarse a trabajar el turno nocturno; de todas formas no creía que pudiese pegar ojo. Poco después llegó la policía y le pidieron que declarara todo lo sucedido. María no se separaba del bebé en ningún momento, lo protegía como si fuera suyo.
Unas dos horas más tarde, la policía regresó con una pareja joven. La chica lloraba desconsolada, el muchacho estaba pálido y nervioso.
Déjenme ver… A lo mejor es nuestro susurró la muchacha entre sollozos.
Ambos se pusieron las batas y fueron a la sala de neonatos. En cuanto la joven vio al niño comenzó a llorar de nuevo, lo abrazó tan fuerte que daba la impresión de que nada ni nadie podría separarlos jamás. María no comprendía nada hasta que un policía, con voz baja, le contó la historia:
Sara y Rodrigo mantenían su relación oculta porque sus padres no la aprobaban. Los padres de Sara intentaban entenderlo, pero la madre de Rodrigo no soportaba la idea de tener a Sara como nuera. Cuando nació el pequeño, pensaron que la noticia ablandaría el corazón de la madre de Rodrigo, pero fue en vano. La mujer seguía convencida de que Sara había tenido al niño con otro hombre, lo cual no era cierto. Aprovechando que los jóvenes fueron al cine, la madre de Rodrigo cogió al bebé y lo abandonó cerca del hospital.
Así fue como sucedieron las cosas. Por lo que parece, el pequeño difícilmente volverá a ver a su abuela.






