Nora mía no para de dar a luz. Lo siento por mis nietos. Os voy a explicar por qué.

Querido diario:

Hoy he estado pensando mucho en mi familia y en cómo han cambiado las cosas con el paso del tiempo. Mi hijo mayor, Rodrigo, se casó bastante tarde, ya tenía 33 años. Ahora la gente no le da tanta importancia, pero antes, aquí en Madrid, la gente susurraba que era demasiado mayor para casarse. Finalmente dio el paso cuando su novia, Blanca, se quedó embarazada. La noticia nos llenó de alegría, sobre todo porque era nuestro primer nieto, bueno, en realidad fue nieta, una niña preciosa. Por fin me convertía en abuela y sentía una felicidad inmensa.

Blanca, mi nuera, es una buena chica, no puedo quejarme. Siempre tiene la casa impecable, es joven, guapísima y, para mi sorpresa, sabe tejer. Nunca he tenido paciencia para esas cosas, pero a ella se le da de maravilla. En resumen, una chica apañada y de carácter agradable; mientras mi hijo sea feliz, no puedo pedir nada más.

Cuando mi nieta cumplió tres años, nos anunciaron que esperaban otro bebé. A los meses nació el segundo, un niño. Empezaron a reformar la casa familiar, aquella que me dejó mi abuela en Alcalá de Henares. Nos alegrábamos por sus avances. Sin embargo, no pasó mucho tiempo y Blanca nos sorprendía con que estaba embarazada de nuevo, y poco después, otra vez.

Vivo de la pensión que me pasa Rodrigo, que siempre saca dinero de donde puede. Es muy manitas, arregla cualquier cosa y hace todas las chapuzas él mismo. Pero no deja de ser chófer de camión y, la verdad, no entiendo por qué traer un tercer, y luego un cuarto hijo al mundo. Apenas pisa la casa y el resto del tiempo lo pasa trabajando horas extra.

Este último diciembre, justo antes de Nochevieja, Blanca me dio una lista interminable de todo lo que necesitaban los niños. Pensé que serían chucherías, cuentos o algún juguete; pero no. Todo era práctico: aceite para masajes, calcetines, medias, leotardos cosas que ni en las rebajas encuentras con facilidad.

Le pregunté a Rodrigo dónde pensaban tener el cuarto hijo, pero se hizo el loco y cambió de tema.

He criado a un hijo responsable y trabajador, que nunca ha huido de ninguna tarea, por dura que fuese. Pero su mujer, que ya va camino de los 35, jamás ha trabajado fuera de casa; no saben lo que es una nómina ni de lejos. No me extrañaría que para los 40 tuviesen ya al quinto. Y yo, ¿qué va a ser de mí cuando ya no pueda ayudarles? No soy eterna, y con la edad, todo se complica. La madre de Blanca falleció hace poco y, salvo yo, no les queda nadie para echarles un cable. Al menos han conseguido reformar la casa, algo es algo. Pero siguen metidos todos ahí, cuatro niños y una casa que nunca se acaba de arreglar.

A veces le digo a Blanca: “¿Y cuando se acaben las ayudas, qué haréis? ¿Dónde vas a encontrar trabajo cuando llegues a los 40 y nunca hayas trabajado?”. Su respuesta siempre es la misma: “Ya saldremos adelante como sea”. Pero yo no paro de pensar: ¿y si le pasa algo a Rodrigo? ¿Cómo puedo ayudar yo sola con tantos niños pequeños?

Encima, mi otro hijo, Javier, me echa en cara que apenas paso tiempo con su hijo, mi otro nieto, porque siempre estoy ocupada ayudando a la familia de Rodrigo. Siento que no me queda tiempo ni energía.

Supongo que el amor se demuestra con hechos, pero a veces siento que, por mucho que me esfuerce, no siempre llego a donde quisiera. Ojalá tuviese la tranquilidad de saber que mis hijos y mis nietos estarán bien, pase lo que pase.

Оцените статью
Elena Gante
Добавить комментарии

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

Nora mía no para de dar a luz. Lo siento por mis nietos. Os voy a explicar por qué.
No te guardo rencor