Mi marido trabaja, pero soy yo quien paga absolutamente todo.

Me preguntáis cómo he llegado a este punto de mi vida y cómo he aceptado todo esto, pero os diré que todas las mujeres que aman son ciegas. Yo lo fui. Toda mi vida luché, aprendí. Mi madre me advirtió desde niña que, si quería una vida digna, debía esforzarme mucho. También me enseñó que una mujer debía ser fuerte y autosuficiente, que si algo ocurría, pudiera sostenerse por sí misma.

Esa última lección, sin darme cuenta, me jugó una mala pasada. Al relacionarme con chicos, mostraba demasiada independencia y pocos querían salir conmigo. En aquellos tiempos, la mayoría buscaba una mujer dulce, alguien a quien cuidar, alguien que les permitiera exhibir su virilidad. Yo cuidaba de mí misma, sin más.

Entonces empecé a dedicarme completamente al trabajo. Seguí así hasta los treinta y cinco, cuando conocí a David. Tiene mi misma edad. Lo que me sorprendió fue que aceptó mi independencia plenamente. Jamás insistió en hacer algo por mí si yo decía que podía hacerlo sola. Nunca me trajo flores ni me susurró palabras bonitas y vacíaseso me resultaba insoportable. Con él era igual, éramos socios. Debería haber sospechado el precio de esa supuesta igualdad, que en realidad era solo una sombra de lo que debería ser.

Nos casamos y él vino a vivir a mi piso en Madrid. David no tenía vivienda propia; compartía piso con su madre. Y yo me negué a vivir con mi suegra, había escuchado demasiadas historias parecidas y no quería formar parte de una. El primer mes, David no aportó ni un euro de su salario, diciendo que debía pagar un pequeño préstamo que había pedido para una operación de su madre.

No dije nada, intenté comprender. Somos familiadejémosle que salde su deuda y después trabajaremos juntos para todo. Pero pasaron siete meses y seguía sin devolver el préstamo. Cada vez era otra excusa: que no le pagan suficiente, que le han reducido las horas, etcétera. Todo ese tiempo, pagué yo la comida, el ocio, los recibos. Luego empezó a decir que ahorraba para que pudiésemos comprar una casa en el pueblo, para las vacaciones, por ejemplo.

Pero jamás me mostró una cuenta bancaria en cinco años. Somos familia. Llegó el día en que discutí con él. ¿Cómo es posible que yo le mantuviera durante cinco años? No es normal. Hizo las maletas y se marchó a casa de su madre. Sí, así, sin más. Tres días después, incapaz de soportar la soledad, le llevé de vuelta. Y otra vez lo mismo. No quería darme nada de dinero, para nada. Yo estoy agotada, de verdad. Me gustaría gastar dinero en mis propios caprichoscomo hacen muchas mujerespero no me queda nada, todo va para nuestra familia. ¿Qué hago ahora? ¿Me divorcio? ¿No cambiará jamás?

Оцените статью
Elena Gante
Добавить комментарии

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

Mi marido trabaja, pero soy yo quien paga absolutamente todo.
Det opkald skulle aldrig have nået mig