Al ver a Simón dibujando otro Spider-Man en su cuaderno en vez de copiar enunciados de matemáticas, sus padres comprendieron que, en su familia, solo el gato tendría un futuro cómodo y despreocupado.

Contemplando cómo Nicolás pintaba otra vez a Spiderman en su cuaderno, exactamente en el hueco donde deberían ir los enunciados de los problemas, los padres iban perdiendo la esperanza de que en su familia el porvenir fuese plácido y próspero para alguien que no fuera el gato.
Docenas de profesores particulares probaron a inculcarle el amor a las ciencias exactas, pero tras cada nuevo intento, Nicolás parecía irse más por la filosofía. El mundo es puro teatro, pensaba el chaval. Y la felicidad verdadera está en la holganza, los pastelitos de chocolate y los dibujos en el móvil.
Cuando los brazos caídos de sus padres casi tocaban el suelo, el padre topó con un curioso anuncio en internet: Vendo pesa y enseño a amar el cole tanto como el deporte a tus hijos, primos, amigos, vecinos. Método propio. Trabajo con matemáticas, historia, lengua y literatura, inglés, bíceps, tríceps, piernas, hombros, pectoral. Modesto.
La desesperación evaporó cualquier instinto parental de precaución. El padre marcó el número, y tras un par de tonos respondió una voz ronca y entrecortada, entre ecos de hierros chocando.
Dígame.
Buenas, llamo por el anuncio
La pesa, ya la vendí, cortó Modesto.
No, no, necesito que le dé clases a mi hijo de matemáticas, lengua y literatura
Edad, peso, habilidades.
La concisión de Modesto inspiraba y hacía temblar. Los golpes de hierros dieron paso a un silbido de comba. Al padre le pareció incluso notar olor a sudor por el teléfono.
Nueve años, veinticinco kilos, ya empieza a sumar en vertical y
¿Cuántas flexiones hace?
¿Perdón?
Flexiones y dominadas, repitió Modesto.
Ehm, no sé ¿unas cinco?
¿Distingue prefijo de sufijo?
Tendrá que preguntar a mi mujer…
¿En casa tienen material?
¿Material?
Compás, transportador, banda elástica, pesas
Tenemos una regla de madera.
Vale. Mándeme la dirección, llego en menos de una hora. rugió Modesto antes de gritar aparte: ¡Las piernas abiertas, espalda recta! (No era a usted, tengo clase de historia) Y colgó.
El padre se quedó un rato con las piernas abiertas y la espalda erguida, y luego fue a buscar a Nicolás.
La noticia del nuevo profe particular le resbaló a Nicolás: subió el volumen de los dibujos y pidió un bocadillo con chocolate. La ciencia y la academia resbalaban por su piel como aceite.
Llamaron al timbre. La madre miró por la mirilla y vio un torso que le hizo suspirar con envidia.
Buenos días, dijo la mole embutida en la camiseta, oliendo a champú de coco. ¿Dónde está el campeón olímpico?
V-v-venga ya, titubeó la madre. Ese es el tuerto del Opel al que prometiste un trasplante de vista en una nota por el limpiaparabrisas
Fue un malentendido, soy oftalmólogo Bueno, lo fui.
Soy Modesto Ruiz, profesor particular, ahora mismo.
¡Ah, es usted!dijo el padre, saliendo tras el espejo, Disculpe, no le reconocimos. ¿Me deja su bolsa?
Nada más soltar la bolsa de hockey, el padre sintió con estrépito todo el peso aplastándolo hacia el suelo. El gato de casa pegó un salto supersónico, cruzó dos habitaciones y la puerta cerrada de un zarpazo.
¿Pero qué lleva aquí? resoplaba el padre arrastrando la bolsa hasta el cuarto de Nicolás.
Material didáctico. Primaria y asignaturas aplicadas.
Nicolás, como siempre, se había mimetizado con el sofá con el móvil en la mano.
¡Ayuda, que lo traigo! gritó el padre, pero ya era tarde. Modesto entró y, sin mirar al nuevo alumno, inspeccionó las paredes.
¿Tenéis taladro percutor?
¿Para qué?
Para idiomas. Y sacó de la bolsa una barra de dominadas, saco de boxeo y una cuerda.
Le pregunto al vecino, jadeó el padre de cansancio. Os dejo solos, él es Nicolás. Y levantó del sofá al chaval, cuya rodilla no le llegaba a la de Modesto. Hijo, él es Modesto Ruiz, tu profe.
¿Y de dónde sacaste tantos músculos?fue todo el saludo de Nicolás.
Todo a base de sumar en vertical, contestó Modesto, apilando discos de pesa.
Bueno, os dejo, dijo el padre y salió disparado.
¿Eres más fuerte que Spiderman?
¿Spiderman banca doscientos en press de banca?
Nicolás no entendió, pero supo que probablemente no.
No me gustan las clasesintentó dejar las cosas claras desde el principio.
Las clases son para los flojuchos. Hoy abdominales.
Modesto se tiró al suelo y empezó a hacer ejercicio. Nicolás miraba desde la esquina, esperando que el profe se agotase, pero solo cambiaba de ritmo y aumentaba el peso. Pasó a las mancuernas, a la banda elástica y acabó a flexiones.
¿Todo claro? ¿Quieres ser fuerte? ¿O prefieres pasarte la vida entre telarañas y polvo, como ese mutante tuyo?
Nicolás negó rotundamente con la cabeza.
¡Perfecto! Hazme todo tres veces por cuarenta y cinco menos treinta y nueve, empezando por el abdominal.
¿Eso cuánto es?
Eso me lo dices tú.
No hay percutor, solo esto irrumpió el padre con un taladro a batería y, al ver al hijo flexionando, se quedó petrificado. Luego entromurmuró mientras dejaba la puerta apoyada tras salir.
***
La mañana siguiente, a las cinco y media, sonó el timbre. Casi a ciegas, el padre arrastró los pies hasta la entrada, listo para soltar una sarta de improperios a quién fuera, pero al ver el cráneo brillante de Modesto por la mirilla, supo que le faltarían palabrotas para semejante superficie. Modesto parecía haber crecido aún más por la noche; hasta las bolsas de sus ojos parecían bíceps.
Hoy toca historia y geografía. Equipación: zapatillas, camiseta, pantalón corto. Vamos a correr por la ciudad estudiando el paisaje y su historia.
Pero si todavía está en tercero y eso no lo danbostezó el padre.
También hay que aprenderse poemas. ¿Se apunta?
No, gracias, yo en el cole sacaba buenas notas
¿En qué año se largaron los musulmanes de nuestra ciudad?
Eh tengo que levantarle a él, yo mejor huyó el padre al cuarto de Nicolás.
Al rato volvió:
No se levanta ni a tiros.
Vístale dormido, ya despertará corriendo, sugirió Modesto.
***
Tres veces por semana, Modesto llegaba a casa de Nicolás y comenzaban el show. Lunes: pectoral-tríceps-hombros-matemáticas-lengua; miércoles: espalda-bíceps-literatura-inglés; viernes: piernas-geografía-historia.
Al cabo de tres semanas, Nicolás se paseó por la cocina sin camiseta y al verle los abdominales, el padre disimuladamente se tapó la barriga con la tetera. El niño ya se le erguía como una vela y hasta reñía a los padres por su falta de actividad física.
Vete, que esto no me convence, susurró una noche la madre mientras cenaban. ¿A que no sabes qué ha pedido Nicolás para su cumple?
Lo sé: la Nintendo aclaró el padre me lo pidió anoche.
¡No! Una espaldera sueca y una batidora para batidos de proteínas. Esto de Modesto no es de recibo. Ese hombre tiene más de entrenador que de profesor.
¿Tú crees? Yo les veo con las mates
¿Has visto tú un solo libro de texto?
De calorías, sí
Eso mismo digo yo. Ya sabemos cómo son estos de los hierros
¿Cómo son?preguntó el padre, curioso.
Cortitos de coco, sentenció ella, tocando la mesa para dejarlo claro. Y nuestro hijo igual.
Pues casi mejor bruto fuerte que empollón flojeras
¡Normal es lo que quiero! ¡Que se acabe esto!
Sonó el teléfono.
Es la tutora, dijo la madre y contestó.
¿Diga? ¿Qué ha hecho? Sí, sí, voy enseguida.
¿Qué pasa?
¡Que Nicolás ha montado una pelea! Ya lo decía yo.
Voy contigo.
***
En el taxi, los padres llegaron en seguida a la escuela, donde los hicieron pasar directos al despacho de la directora.
Mira tú el profesor, que el niño ni acaba tercero y ya nos llaman al despacho del director.
El despacho era un hervidero de adultos, niños, la psicóloga y la tutora. El ruido era tal que en el aula de al lado el piano desafinó de golpe.
Esto no es un polideportivo, aquí se viene a estudiar le lanzó una madre ofendida al padre.
¿Se puede saber qué ha pasado?
La tutora tomó la palabra:
Nicolás ha obligado a unos compañeros a jugar a las dominadas en la escalera, llevando la cuenta con divisiones fraccionarias en el recreo.
¿A qué?
A hacer dominadas, en orden, subiendo la dificultad, explicó Nicolás.
¡Silencio! ordenó la tutora. Los demás no querían. Nicolás les coaccionaba.
¡Pero ellos empezaron! Querían pegarme porque les corregía cuando insultaban.
¿Cómo corregías?
Explicándoles cómo se declinan burro y chulo. Se me echaron encima, así que tuve que defenderme. Como dice Modesto Ruiz: con mucha energía, más dominadas, y en vez de pelear, divide por fracciones, murmuró Nicolás cabizbajo.
¡Dijo que si volvíamos a molestarle nos sacaría raíces cuadradas! sollozó un compañero.
¡Ese cromañón no pinta nada entre nuestros hijos! chilló una madre.
Esperen, se impuso el padre. ¿O sea que no hubo pelea?
Los niños ofendidos negaron con la cabeza.
Entonces, mi hijo respondió a su agresión con matemáticas y un barra de dominadas.
¡Y nos hizo correr y recitar a Bécquer!
¿Ves? Y tú diciendo lo del cabeza de chorlito dijo el padre, y la madre asintió al fin.
Quiero pedirles disculpas dijo la directora de pronto.
¡Que nos las pida el niño! bramó un padre, señalando a Nicolás.
No a ustedes, a los padres de Nicolás. Su hijo es un fenómeno, miró la directora al matrimonio, pero visto lo visto, tenemos que trasladarle.
¡Justicia divina! ¡Eso os pasa, forzudos! celebraban otros padres.
Lo subo a cuarto. Va sobradísimo de temario, zanjó la directora.
Un silencio incómodo se hizo. Hasta se oía cómo la envidia masticaba cerebros. El despacho se vació poco a poco, evitando miradas.
¿Modesto? Buenas, pues que nos pasan a cuarto, hay más asignaturas, comunicó después el padre al profesor.
***
Una semana después, Nicolás ya estaba en cuarto. Dos semanas más y fue a competir en crossfit y se preparó para su primera olimpiada de literatura infantil. Al mes llamó al padre uno de los padres enemigos, pidiéndole el teléfono de Modesto Ruiz.
Poco a poco, se formó un grupo de críos con combinados talentos. Pero, curiosamente, aquí los expulsaban no por no saltar vallas, sino por suspender lenguas y ciencias.

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Elena Gante
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Al ver a Simón dibujando otro Spider-Man en su cuaderno en vez de copiar enunciados de matemáticas, sus padres comprendieron que, en su familia, solo el gato tendría un futuro cómodo y despreocupado.
השרשרת שהחזירה את מה שאבד