Me pasó que no pude casarme ni tener hijos. Así de peculiar ha sido el rumbo de mi vida. Ahora tengo 57 años. Hace poco celebré mi cumpleaños. Solo lo festejamos mi madre y yo, juntos los dos.

Resulta que no he llegado a casarme ni tengo hijos. Así de curioso ha sido el rumbo de mi vida. Ahora tengo 57 años. Hace poco celebré mi cumpleaños. Lo pasé sola con mi madre. No tengo a nadie más a quien invitar. No tengo amigos y, tanto mi madre como yo, carecemos de otros familiares.

Vivimos juntas y siempre nos apoyamos mutuamente. Mi madre tiene 86 años. No sé qué será de mí cuando ella no esté. Sin embargo, mi madre se encuentra bastante bien. Aunque cada año va sintiéndose más mayor y su salud ya no es la de antes, no se rinde. Incluso sale a pasear sola por nuestro barrio.

Ya estoy jubilada, pero aún sigo trabajando porque nuestras pensiones no alcanzan para vivir con comodidad. A pesar de todo, no me desaliento y me siento afortunada de tener a mi querida madre a mi lado. Al fin y al cabo, hay personas que lo pasan mucho peor. Algunos no tienen piso propio, ni familia, ni dinero.

Por suerte, mi madre y yo llevamos una vida tranquila y apacible. Por las noches tomamos té, tejemos juntas y vemos nuestras películas y series favoritas en la televisión. Los fines de semana suelo preparar dulces típicos y a veces invitamos a los vecinos. Nos cuentan cómo están sus familias y me alegra saber que son felices. Rezo para que mi madre y yo siempre podamos alejarnos de los problemas.

Así es como transcurre nuestra vida. Solo pido que estos días de paz y compañía junto a mi madre duren tanto como sea posible. Porque a veces la verdadera felicidad se encuentra en lo sencillo: en el calor del hogar y en el cariño compartido.

Оцените статью
Elena Gante
Добавить комментарии

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

Me pasó que no pude casarme ni tener hijos. Así de peculiar ha sido el rumbo de mi vida. Ahora tengo 57 años. Hace poco celebré mi cumpleaños. Solo lo festejamos mi madre y yo, juntos los dos.
A los 55 años empecé a trabajar de taxista para no tener que pedir dinero a mis hijos. Ellos se reían diciendo que “mamá lleva a borrachos”. Pero una noche llevé a una chica y lo que escuché en su teléfono cambió por completo mi visión de mi propia familia…