¿Alguna vez os habéis parado a pensar lo mucho que puede decirte una sola frase en un perfil de una app de citas? No la típica foto frente al BMW de su vecino ni la lista de requisitos tan exigente que debería tener su propio ministerio, sino una frase corta, lanzada casi de pasada, pero perfectamente precisa.
Busco mujer sin problemas económicos.
Justo esas palabras captaron mi atención mientras hojeaba perfiles de manera perezosa en una aburrida tarde de sábado. En la foto, el sujeto tenía pinta de lo más corriente: ni fofo ni delgado, con mirada apacible, la camisa planchada. Vamos a llamarlo Julián. Edad: 45 primaveras.
Normalmente paso de largo ante perfiles con ese tipo de frasecillas. Traduciéndolo a idioma femenino, suele significar: No pienso poner un euro y preferiblemente, págame tú todo, bonita. Pero aquél día me picó la curiosidad. Y ya sabéis: la curiosidad mató al gato, pero a mí me dio material para contaros.
Así que quedamos.
Primera impresión: esterilizado y con nerviosismo embotellado
Julián propuso quedar en el Parque del Retiro. Un clásico: perfecto para evitar gastarse diez euros en la primera ronda de cafés. A mí no me molestó; me encanta pasear y además hacía un sol estupendo, de ese que parece anunciar la primavera.
Apareció a la hora en punto. Al principio hasta pensé que era una señal de educación, aunque luego caí en que, más que puntualidad adulta, era disciplina de empollón del cole. Allí estaba, a la entrada del parque, rígido como un palo, con unos pantalones de pinzas tan planchados que podrían cortar pan.
Buenas tardes saludó, lanzando una mirada meticulosa a mi abrigo y bolso. Me apostaría un café a que intentaba calcular si yo era de marca o del mercadillo. No fuera a ser que tuviera, ojo, esos problemas económicos.
Los primeros diez minutos fueron los de rigor: clima, tráfico, lo cansina que está Madrid últimamente. Julián hablaba tan correcto que parecía estar leyendo un manual, pero siempre con un tonillo como si esperara una medalla o estuviese pidiendo disculpas antes de meter la pata.
Entrevista para el puesto de mujer apañada y accesible
Nada más acabar la introducción, Julián fue al grano. Pero sin anestesia, como quien revisa un currículum de trabajo:
¿A qué te dedicas?
Soy jefa de contabilidad en una empresa de transporte.
Ah, eso está bien. Estable. ¿Vivienda en propiedad o de alquiler?
Menos mal que llevaba deportivas, porque casi me tropiezo. Normalmente esto se pregunta tres vinos después, no en el minuto quince.
En propiedad mentí vilmente, solo para ver a dónde quería llevarme.
Fenomenal respiró aliviado. Ahora hay muchas mujeres que buscan marido para pagarles la hipoteca, los préstamos, las deudas Yo creo en la igualdad: cada uno lo suyo.
Dicho así, no suena mal. Pero ya conocemos el diablo de las letras pequeñas.
¿Y tú? pregunté. ¿Vives solo?
Y ahí lanzó la perla: la bomba que, en vez de hacerme huir, me animó a continuar con el experimento.
No, vivo con mi madre. Es lo lógico y práctico. ¿Para qué pagar alquiler teniendo un piso grande con tres habitaciones? Además, a mi madre ya le cuesta vivir sola, la edad, la tensión
Cuarenta y cinco años. Viviendo con mamá.
¿Y cómo os organizáis con las tareas? saqué el tema con tacto.
Uy, mi madre es de la vieja escuela le dedicó una sonrisa a ella que yo no vi en toda la cita. Para ella la cocina es terreno sagrado y cocina que da gusto. Yo ayudo: bajo la basura, hago la compra si me da la lista Total, lo tenemos muy bien montado.
Si me da la lista, hice nota mental.
El modelo económico del hijo de mamá
Pasamos junto a un quiosco de café. Paré. Julián vaciló.
¿Te apetece tomar algo? preguntó, como si le estuviera pidiendo jugarse la nómina en la ruleta.
Le dije que sí, que un capuchino.
Esto debe de estar caro ojeó los precios con cejas arqueadas. En casa tengo una cafetera estupenda, suelo llevarme termo, pero hoy nada Bueno, va, vamos a pedir. ¿Te pongo uno pequeño?
Me compró un capuchino pequeño. Para él, nada.
Ya he tomado en casa masculló.
A continuación, Julián comenzó a exponer su filosofía sobre la mujer sin problemas. Se refería a una mujer con nómina fija, sí, pero también completamente independiente y dispuesta a encajar en su pequeño universo bien atado.
No veo por qué las mujeres están tan obsesionadas con el dinero divagaba. Mi ex siempre estaba: que si vamos a vivir juntos, que si nos vamos de viaje, que si cambiamos el coche. ¿Para qué? Si el coche va, si el piso está perfecto. Nosotros, mi madre y yo, vivimos bien. Sencillos, pero con fondo para imprevistos.
¿Y a tu madre no le importaría que te casaras? pregunté con toda la guasa.
¡Qué va! Estaría encantada. Siempre me dice: Julianín, búscate una mujer apañada, que yo ya no puedo fregar tanto.
De repente, me quedó todo clarísimo.
No quería pareja. Julián y su madre buscaban institutriz.
La madre envejece, y eso de cuidar del niño de 45 ya cansa. Sopas, camisas, suelos de parquet es mucha tarea. Necesitan recambio. Y ojo, que sea solvente, no vaya a haber que compartir presupuesto.
Llamada desde el centro de control
Mientras fantaseaba con recortar gastos energéticos, sonó el móvil. Julián se puso tierno.
¿Sí, mamá? Sí, dando un paseo. Sí, con esa chica. No, no tengo frío, llevo bufanda. Las croquetas Sí, estaré para cenar. ¿Comprar mantequilla? ¿La de marca blanca? Hecho.
Colgó, sonrió con culpabilidad.
Mi madre se preocupa. Quiere que llegue para la cena.
Miré el reloj. Eran las cinco y media. Vamos, tarde para la merienda de los jubilados.
Julián me paré en seco, ¿no se te ha pasado por la cabeza que una buena mujer sin problemas económicos quiera vivir su propia vida? Independiente de tu madre. Viajar. Salir a cenar. Invertir en otra existencia, ya sabes.
Me miró genuinamente extrañado.
¿Y para qué vivir aparte teniendo este piso? No tiene lógica. Y lo de los restaurantes Pues en casa se come mejor. Una mujer sensata tiene que valorar el hogar.
¿Quién manda aquí realmente?
Me despedí educadamente y me fui a casa dándole vueltas.
Estos hombres parecen simplemente prácticos o abnegados hijos devotos. Pero la cosa va más allá. Julián no gestiona su vida. Vive la de su madre. Y la llama suya.
Busco mujer sin problemas económicos, traducido, significa: Busco mujer que no dé problemas a mi madre.
Una con hipoteca pide apoyo. La que tiene hijos, atención. Una mujer con metas, le saca del charco. Y a él, ni hablar de eso.
¿Por qué es una trampa?
La paradoja es que a estos hombres suelen responder mujeres independientes y fuertes. Estamos tan acostumbradas a ser autosuficientes, que pensamos: Bueno, al menos no es un parásito ni mangante, y no sale de fiesta.
Pero todo para la familia aquí es: para mamá. Jamás serás la prioridad. Te dejarán entrar en el club del Hijo, siempre y cuando no toques el presupuesto ni el orden de cosas.
Trabajarás, gastarás tu sueldo, y al final, te regañarán porque planchas peor que la señora.
El perfil de Julián lo eliminé directamente. Bueno, más bien lo bloqueé para no tropezar con él nunca más.
¿Y vosotras?, ¿os habéis topado con algún Julián? ¿Creéis que estos hombres pueden cambiar algún día, o eso queda ya sentenciado? Os leo.





