Soy una madre en excedencia por maternidad. Tengo dos hijos preciosos; uno llegó hace cinco años y el otro ha nacido hace poco.
Permitidme que os cuente una situación que aún me retumba en la cabeza.
Todo comenzó tras mi boda, cuando mi suegra me entregó una lista extensísima. En ella, aparecían desde alergias alimentarias de mi marido a las que presto muchísima atención, hasta otras obsesiones suyas. Y esto es importante. Uno de los puntos de la lista decía que debía plancharle los calzoncillos a mi marido, porque, según ella, si no están bien planchados, podrían provocarle incluso moratones en cierta zona…
En ese momento, pensé que mi suegra simplemente era una madre protectora; a fin de cuentas, hay algo hermoso en que una madre se preocupe tanto por su hijo. Seguí todos sus consejos sin demasiada dificultad, aunque la insistencia con la plancha y la ropa interior me dejó perpleja, porque ni mi madre ni yo lo habíamos hecho nunca; nunca planchamos la ropa íntima de nadie.
Cuando nació mi primer hijo, al principio usaba pañales, pero en cuanto empezamos con los calzoncillos, empecé a plancharle también la ropa interior automáticamente. Con el tiempo, he acabado planchando los calzoncillos de dos personas en casa, lo que se traduce en montañas interminables de plancha. Seguí haciéndolo porque mi suegra siempre nos insistía: el vapor y el calor eliminan gérmenes. Incluso afirmaba que la buena salud de nuestro hijo dependía de plancharle los calzoncillos. Decía que era fundamental para la salud íntima.
Después de todo, no se trata solo de las manías de mi suegra, sino de que ahora tenemos otro bebé en casa. Me cuesta mucho llegar a todo y me parece que las madres que tienen dos hijos, uno de ellos recién nacido, me entenderán. Intento priorizar lo esencial pero el Everest de lo pendiente sigue creciendo sin parar.
Ayer mismo, mi marido me comentó a la hora de cenar, con cara seria, que ya no quedaban calzoncillos en el cajón, dejando claro que necesitaba que los planchase. Estaba agotada y le sugerí que cogiera unos del montón sin planchar.
Mi marido, ofendido, llamó a su madre mientras yo me iba a la cama y le dijo que su mujer no tenía tiempo. Se sintió terriblemente dolido conmigo. Y todo, por unos simples calzoncillos.
¿Plancháis vosotras la ropa interior de vuestros hijos? ¿Hasta cuándo consideráis que es necesario? ¿Existe algún truco para acelerar el proceso de planchado?






