Un gran paquete yacía abandonado junto a una papelera. Un hombre que pasaba conduciendo lo vio y decidió detenerse para examinar su contenido.

Aunque tenía prisa por llegar a casa, Javier decidió detenerse a un lado de la carretera, justo al margen del vertedero municipal en las afueras de Salamanca. Entre montones de basura, algo llamó su atención: una bolsa grande que, para su sorpresa, parecía moverse y emitía unos quejidos apagados.

Normalmente, allí lo que uno espera encontrar son colchones viejos, recipientes de plástico y algún que otro paraguas adoptado por la mala vida. Pero lo que descubrió Javier dentro de la bolsa fue tan inesperado como triste: un cachorro, abandonado sin remordimientos a pleno sol castellano, sin agua ni sombra, y seguro que sin entender nada de la vida.

Movido por la compasión y esa vena solidaria tan nuestra, Javier rescató al perrito y lo llevó directamente a una clínica veterinaria. Por suerte, el pequeño estaba sano, aunque famélico y muerto de sed. Después del susto inicial, Javier contactó con una protectora de animales de la ciudad y les pidió ayuda para encontrar una familia cariñosa para este peludo olvidado.

Sólo unos días después, una pareja joven y encantadora se enamoró del cachorro y decidió llevárselo a su piso en Valladolid. Lo llamaron Bimbo, porque dijeron que su cara era tan simpática como el famoso panecillo. Así, el perrito por fin encontró un hogar donde lo miman, lo sacan a pasear por el parque todos los días y hasta le compran chucherías en la tienda de animales (aunque el veterinario no está muy de acuerdo).

Es descorazonador pensar que todavía hay personas en el mundo capaces de hacer algo tan cruel, olvidando que los animales sólo buscan cariño y, a cambio, ofrecen una fidelidad que ya quisieran algunos políticos. Si todos los seres vivos merecen una oportunidad, está claro que todo peludo sin hogar merece al menos una segunda ronda de mimos y juegos.

En cuanto a los antiguos dueños del cachorro, sólo cabe esperar que alguna vez se les remueva la conciencia y acaben, quién sabe, apuntándose a un curso intensivo de Tenencia Responsable de Mascotas. Las organizaciones de defensa animal y la justicia española deberían ir de la mano para asegurarse de que estos casos se resuelvan como es debido y que no se repitan. Que nunca falte empatía, compasión y, sobre todo, un poco de sentido común hacia los animales en nuestra sociedad y, por supuesto, que nunca falte una familia dispuesta a transformar vidas, aunque sea la de un perrito encontrado entre la basura.

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Elena Gante
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Un gran paquete yacía abandonado junto a una papelera. Un hombre que pasaba conduciendo lo vio y decidió detenerse para examinar su contenido.
Belleza fingida