Relatos Humanos
Don Fernando Carmona se había quedado mirando el anillo de café que la taza dejó sobre el escritorio de roble.
—¿Te volviste loca, Valeria? —Mi hermana mayor casi derrama el café de la taza cuando solté la noticia—.
Mi suegra Miriam tenía una habilidad especial para entrar a mi casa como si fuera la dueña y yo la muchacha
Valentina apretó tanto el volante que los nudillos se le pusieron blancos. Afuera, Los Ángeles hervía
El lobby del hotel olía a canela y a ponche de frutas. Era esa mezcla artificial que ponen en los difusores
Claudia colgó el teléfono con una sonrisa de esas que te dejan los dientes apretados. Tres años jodiéndose
El boleto estaba sobre la mesa del comedor, con las letras brillantes del logotipo de la aerolínea reflejando
Después del funeral no hubo gritos ni platos rotos. Simplemente dejamos de hablarnos sin darnos cuenta.
Para Yesenia los sábados no eran de descanso. Eran una condena. Despertaba a las seis y media igual que
El cielo llevaba horas partiéndose en dos sobre el techo de la pequeña casa en Hialeah. Eran pasadas









