Faltaban ocho días para mi boda cuando mi padre se fue de este mundo. Falleció mientras dormía.
Resulta que no he llegado a casarme ni tengo hijos. Así de curioso ha sido el rumbo de mi vida.
Tenía apenas veintidós años cuando me quedé sola, sin marido y con mi pequeño Diego en brazos.
Llevaba tres años saliendo con Álvaro cuando me pidió que me mudara con él, lo que implicaba vivir bajo